En verano, no todos los tratamientos faciales son igual de adecuados. La clave, según explica el doctor Alejandro Amador Estrada, gerente de Clínica Cervantes en Campo de Criptana, está en elegir aquellos procedimientos que no sean fotosensibilizantes, es decir, que no comprometan la barrera cutánea ni aumenten el riesgo de manchas, irritaciones o quemaduras tras la exposición al sol.

Durante los meses más calurosos del año, las consultas estéticas suelen orientarse hacia tres grandes objetivos: mantener la piel profundamente hidratada, conservar un aspecto fresco y luminoso del rostro y recurrir a técnicas de remodelación corporal no invasivas. En este contexto, determinados tratamientos se consolidan como los más seguros y demandados en la temporada estival.
Uno de los más habituales es el ácido hialurónico, utilizado para reponer hidratación, aportar volumen en zonas específicas y mejorar la calidad de la piel o de los labios sin alterar la naturalidad de las facciones. Su capacidad para retener agua lo convierte en un aliado clave para combatir los efectos de la deshidratación provocada por el sol, el calor y el cloro.
También destacan la mesoterapia facial y los llamados skinboosters, basados en microinyecciones de vitaminas, aminoácidos y ácido hialurónico. Estos tratamientos están diseñados para mejorar la calidad cutánea desde el interior, contrarrestar la sequedad y aportar un efecto de “piel jugosa” o glow inmediato. En el caso de los skinboosters, se emplea ácido hialurónico de baja densidad, poco o no reticulado, cuya función no es rellenar ni dar volumen, sino hidratar en profundidad las capas más internas de la piel.
Otro procedimiento especialmente demandado en verano es el uso de neuromoduladores, como la toxina botulínica. Su acción se centra en relajar la musculatura del tercio superior del rostro, frente, entrecejo y patas de gallo, suavizando las arrugas de expresión y ayudando a evitar gestos de tensión que pueden acentuarse con la exposición prolongada a la luz solar.
Tratamientos a evitar
En el lado contrario, el doctor Alejandro Amador Estrada advierte que los tratamientos fotosensibles deben evitarse durante esta época del año. Procedimientos destinados a tratar manchas, acné o rosácea mediante láser, técnicas con plasma o peelings químicos pueden incrementar la sensibilidad de la piel al sol y favorecer la aparición de hiperpigmentaciones, es decir, manchas oscuras persistentes.
La recomendación general pasa por adaptar la medicina estética a la estación, priorizando técnicas que refuercen la piel sin agredirla y posponiendo aquellas que requieren una menor exposición solar para garantizar resultados seguros y uniformes.







































































