Una cosa que he aprendido es que es bastante útil fingir con convicción que sabes lo que estás haciendo. Por lo general, transmitir seguridad, aunque no la sientas, sirve para muchísimas cosas. Asumo que es la técnica que usa cualquiera que tenga una responsabilidad sobre otros, por muy apoyado que esté en la teoría, cuando se encuentra ante la práctica. También creo que es lo que hacen muchas personas con poder, o algunas que tratan de convencer a los demás para vender algo.
Tiene una utilidad increíble para encontrar lo que de verdad está uno haciendo con su vida. Hacer las cosas con convicción, obliga a reflexionar y, por lo tanto, ayuda a encontrar la realidad de lo que uno de verdad está haciendo. Eso, claro está, si estamos dispuestos a enderezar o corregir cuando hemos desviado los pasos del objetivo. De nada sirve encabezonarse en la vida cuando has cometido un error garrafal.
Yo, que soy una persona que parece siempre que sé lo que estoy haciendo y que estoy absolutamente segura de todo lo que pienso, digo o hago, os puedo asegurar que todos los humanos tenemos momentos y situaciones en las que no hay nadie al volante. Todos. Así que sí, esa gente que os hace sentir insegura por su vehemencia, que parece que esté hecha de otra pasta porque siempre asevera sin pestañear, esa gente muchísimas veces siente lo mismo que todo hijo de vecino: que no sabe qué hacer. Lo único que les diferencia del resto es que fingen mejor que sí. Unos lo hacen para salvarse y encontrar la respuesta. Otros, como método de defensa. Los más, porque no saben pedir ayuda. Unos pocos, para aprovecharse del resto.
Creo que es interesante saberlo para llegar a la conclusión de que siempre hay que hacerse una idea propia de todo, que hay que cuestionarlo todo. Aquellos que parecen líderes de opinión a menudo están tan perdidos como el resto.
Está muy bien cuestionarse, dudar, pasarlo mal con los matices. Da igual que finjáis que no, pero es importante saber que se puede no estar seguro de algo aunque no se exprese. Si se pierden esos grises, esos matices que dan tanto miedo, al final, uno se va quedando con los blancos o los negros, y se pierde la riqueza de los grises. Es en los grises donde la vida florece, en los «esto es esta cosa, pero también todas estas otras». En los grises es donde podemos encontrar la belleza de que alguien que era muy mala persona en un aspecto, lo fuera muy buena en otros. En los grises es donde está la comprensión del de enfrente. Es donde uno sabe que el otro está tan asustado como lo estás tú. Es donde germina el entendimiento.
La seguridad es, como todo, gris: puede ser un superpoder y también una trampa o una tumba. Porque en la duda es donde está la complejidad, y la simplificación nunca fue buena para que los tiempos sean pacíficos.






































































