A mí lo que más me preocupa es la deshumanización, por encima de cualquier cosa. Bueno, quizá sólo al nivel de la normalización del mal.
No, no es normal no poder permitirse una casa. Por alguna razón, hemos normalizado esto. Leo escalofriada a gente joven haciendo cálculos de si heredarán la casa de la abuela o de sus padres, porque es la única forma en la que van a poder tener un techo propio. La normalización del mal — repito: no es lógico no poder pagar una casa en situación normal— lleva a la deshumanización. Si vemos normal no poder pagar una casa, lo subsiguiente es que haya gente que tenga esperanza de que sus familiares no vivan mucho. Horrible. Me quita el sueño. Menos mal que me compensan con orgullo los que salen a luchar por sus derechos.
Se culpabiliza desde ciertos foros a la gente que no puede pagar un alquiler o que no puede comprarse un piso de treinta metros cuadrados de diversas maneras, y todas, si añades un poco de humanidad, se desmontan solas. De ahí, supongo yo, el interés en deshumanizar: para que uno no se plantee las otras respuestas.
«Es que quieren vivir en el centro». Bueno, si el centro de las ciudades no se hubiera convertido en un decorado para los turistas, todavía se podría vivir en los barrios del centro. Pero es que además no es cierto y es perverso. La gente con sueldos normales se va alejando del centro conforme los alquileres suben, pero es que también se descentraliza la especulación, por lo que los barrios periféricos terminan por no ser asequibles tampoco.
Muchas personas, además, están ligadas a las ciudades por su trabajo, lo que no les permite irse a un pueblo a vivir. Pero si el pueblo está bien comunicado con la ciudad, también se pondrá imposible en cuanto a precios. No sé cómo hemos acabado, cuando estas personas se quejan, diciendo cosas como que se vayan a trabajar en el campo, cuando es una generación a la que se ha convencido de que estudiando una carrera podría conseguir lo que quisiera. ¿Nadie ve la ironía?
Se culpabiliza a la gente por no ser previsora, por no ahorrar y por tantas otras cosas, mientras se pone todo tipo de trabas a cada subida del salario mínimo y la vida no deja de ponerse más cara. Es como aquello de «hemos vivido por encima de nuestras posibilidades». Le aseguro que yo no, caballero. Tengo una imagen de éxito, pero he asumido que no me voy a poder comprar una casa porque, en mis condiciones de vida de pequeña autónoma ligada a la industria cultural, ahorra algo, Mari Puri. Eso me indigna. Me indigna haberlo asumido porque no, no es un lujo: tener techo es un derecho. Rimémoslo todo lo que podamos. Recordémoslo cada día. No nos dejemos deshumanizar ni convencer. Fijaos bien en que algunos hasta se dejaron convencer de que había que desacreditar a Mari Carmen después de su desahucio.





































































