


El secador de paraguas es la primera invención de esta joven alcazareña de 28 años que confiesa ser muy observadora, preguntarse por todo y aplicar su espíritu crítico. «Me dedico al mundo de la publicidad y el diseño y tengo un especial interés por los objetos y el uso que le damos. También ha podido influir que soy zurda y te encuentras, en ocasiones, con dificultades para utilizar algunos de ellos. Los inventos surgen cuando tratas de dar solución a un problema».
Esto es lo que ocurrió con el secador de paraguas que Úrsula Morollón Moreno ha patentado. «Me fui a estudiar diseño gráfico a Inglaterrra, donde viví cinco años. Allí llueve mucho y me tuve que acostumbrar a usar paraguas. Además, como me gusta mucho la moda, empecé a coleccionarlos, a combinarlos con la ropa y desarrollé un especial amor por este objeto al que, habitualmente, parece que no le damos mucha importancia; especialmente en España que lo usamos menos». La idea surgió cuando se dio cuenta que al entrar en los establecimientos públicos tenía que dejar el paraguas en la entrada o meterlo en una bolsa para hacer sus compras con normalidad -«algo incómodo, porque las bolsas no solucionan el problema y si lo dejas en el paragüero lo puedes perder u olvidar».
Con esta idea en la cabeza, Úrsula decidió contársela a su pareja, Agustín Corbera, para que le echara una mano. «Es algo que no puedes ir contando a cualquiera, porque te la puede robar». Casualmente, el primo de Agustín, Sergio Corbera, acababa de finalizar su carrera de ingeniero industrial y pudo echar un cable a Úrsula con los aspectos técnicos. «Yo tenía algo de idea, porque me gusta la tecnología y había hecho un año de telecomunicaciones. Pero claro, me perdía más en este asunto». Así que, con este apoyo, diseñó la estructura base del secador de paraguas, un cilindro en el que se contienen una serie de resistencias que expulsan aire, a la temperatura adecuada para no quemar los paraguas que los secan en apenas unos segundos. El agua que no se evapora cae a un contenedor inferior que se vacía cada cierto tiempo. «El uso es simple, sólo hay que introducir el paraguas mojado unos segundos y sale seco».

En principio, el invento va dirigido para las grandes superficies, pero esto es como todo, si se populariza y se procede a una producción masiva, también podría diseñarse uno para uso doméstico. «Comencé con el registro de la patente en 2011 y, no fue hasta marzo del pasado año cuando ya la tuve en mi poder». Ahora, el proceso se complica. «Cuando no te dedicas a esto andas muy perdido. Me apunté a una sociedad de inventores que me están orientando un poco. Pero no es fácil. Tienes que hacer un prototipo, llevarlo a ferias, buscar contactos… y esto es un proceso caro y largo y, por mi profesión tengo poco tiempo». El prototipo del secador de paraguas podría rondar los 5.000 euros. «Te cobran por todo. Hay que tener en cuenta que la empresa que se decida a fabricarlo tiene que adaptar su maquinaria para hacer uno solo. Lo ideal sería que comprara la patente una empresa de secadores de mano, por ejemplo, para ampliar su línea de productos».
De momento, ahí está el invento y como dice Úrsula, «algún día sonará la flauta». Lo importante es que su cabeza sigue dando vueltas y no descarta continuar con el camino que ha emprendido. «Ahora le estoy dando vueltas a como solucionar un problema que todos tenemos con un utensilio relacionado con la comida». Hasta ahí se puede leer, pero seguro que el día que resuelva el problema nos enteraremos.









































































