


Dos horas ha durado la asamblea de los ‘encerrados’ para tomar una difícil decisión: persistir con el encierro o salir a la calle. La repercusión mediática y el apoyo ciudadano que han conseguido en estos tres días de encierro ha sido mayor de lo que esperaban. En parte porque la situación inicial con la que comenzaron su acción se dio la vuelta por las decisiones que fue tomando al respecto el equipo de Gobierno. En principio, los miembros de la plataforma, asambleariamente, planificaron comenzar un encierro indefinido en el salón de plenos del Ayuntamiento, relevándose por turnos. Sin embargo, mediante decreto del alcalde, se les expulsó de la sala plenaria a los pasillos y se les aplicó una sanción por desacato -por permanecer toda la noche en el interior de las dependencias municipales. Después, se cerró el Ayuntamiento y no se permitió entrar a ningún miembro más de la Plataforma para relevar a sus compañeros y, a los que se quedaron dentro, se les pidió desalojaran los pasillos del edificio consistorial. Tras su negativa, se les confinó a un solo pasillo, junto al salón de plenos y se prohibió la entrada de bebida, comida, mantas, estufas, medicinas o productos de higiene -incluso de manos de los concejales socialistas que los apoyaron y firmaron un documento asegurando que se harían cargo de atenderlos.
En estas condiciones, el ánimo de la veintena de personas que, hasta hoy, han estado encerradas en el edificio consistorial, ha ido cambiando y el agotamiento ha hecho presencia. A esto se suma la preocupación y la percepción sesgada de los acontecimientos que fuera se iban produciendo: cargas policiales, cientos de personas en la calle mostrándoles su apoyo y, finalmente, la denegación en pleno del referéndum -su principal reivindicación- y la adjudicación mixta de la gestión de Aguas a la empresa Aqualia; que vivieron desde el interior de su pasillo.
Entre ellos, división de opiniones. Los que defendían mantener el encierro indefinidamente, a pesar de las condiciones, les movía el «no defraudar» a sus convecinos que, desde fuera, defendían «sus argumentos». El «no dar su brazo a torcer» y el pensamiento que saliendo «el equipo de Gobierno conseguía lo que quería habiendo adelantado los plenos». Los que apostaban por desistir y salir a la calle expresaban que «hemos conseguido algo importante», refiriéndose a los objetivos de «movilizar a los vecinos de Alcázar contrarios a la privatización» y conseguir «repercusión mediática» para dar a conocer «lo que está pasando en Alcázar con el agua».
Se barajaron todas las posibilidades, continuar indefinadamente el encierro, salir, aguantar unas horas, esperar unos días, salir una parte de ellos -los que más agotados estaban- y permanecer dentro los que estaban más fuertes… pero, al final, decidieron que, optaran por lo que optaran, tenía que ser una «decisión del grupo» y aceptar «unitariamente» lo que decidiera la asamblea y así fue. 12 personas votaron a favor de finalizar el encierro, 7 por continuarlo indefinidamente y 3 se abstuvieron.
Una decisión «difícil, dura y muy dialogada» que todos admitieron. Finalmente, hacia las siete y media de la tarde abandonaban el Ayuntamiento. Fuera, una multitud les esperaba con pancartas y guantes azules (símbolo del agua) y les aplaudieron a lo largo del pasillo que hicieron para recibirlos, entre llantos, emociones y abrazos.









































































