El pasado viernes se presentaba, en la sede de IU en Alcázar, la Carta por la Laicidad en Europa, un documento que se consensuó, el pasado mes de marzo en Valencia, por cerca de un centenar de personas defensoras del laicismo. “Era necesario definir los principios básicos de la laicidad, independientemente de las problemáticas específicas de cada uno de los países europeos” –comentó el miembro de la Asamblea de IU e integrante de Europa Laica, Andrés Carmona.
Ante la nueva constitución del Parlamento Europeo, “la laicidad debería formar parte del debate político, especialmente ante la pérdida de derechos civiles y sociales que se está produciendo como consecuencia de la crisis europea” –señalaba Carmona y lo corroboraba el presidente de Europa Laica, Francisco Delgado, que fue el encargado de presentar esta Carta- “En Europa se está produciendo, en los últimos tiempos, un acelerón en la pérdida de derechos fundamentales. La crisis está siendo aprovechada por diferentes confesiones religiosas, mayoritarias en cada uno de los Estados europeos, para tratar de imponer su moral en las leyes. Esto, unido a los brotes xenófobos y totalitarios, fruto de una ‘inculturización’ de la opinión pública por parte de los distintos Gobiernos, está propiciando que se traten de eliminar derechos civiles, sociales y laborales”.
La Carta de la Laicidad pretende ser una “llamada de atención” a la Unión Europea y a los distintos Estados sobre la Democracia que garantiza “el que no exista preponderancia de unos grupos sobre otros”. Aunque, paradójicamente, la tendencia de las sociedades sigue el camino del laicismo, según comentaba Delgado “el Siglo XXI ha empezado mal para los ciudadanos; a los que se les están cerrando las fronteras, mientras que el capital circula sin problemas y la riqueza se concentra en manos de unos pocos”; una situación que no es ajena a las lógicas fluctuaciones de la historia. “Cuando esto sucede, los ciudadanos pierden la protección de los Estados y las religiones cobran fuerza con el mercado de la caridad, esto es un germen para los totalitarismos y para que se pierda la separación efectiva entre Iglesia y Estado”.
Sin embargo, como así defendía también Delgado, la población “suele estar bastante alejada de las confesiones religiosas, en general, y tiende hacia el laicismo”. Esto sucede también en España donde, según los datos de las diferentes estadísticas, sólo el 45% de las personas menores de 35 años se confiesan “creyentes” y, de éstos, sólo un 9% son practicantes. Otro dato significativo, aportado por la Conferencia Episcopal, es que del total de nacidos a lo largo del año se bautizan en torno al 56% de los bebés. “En España estamos viviendo, en estos momentos, un proceso de secularización muy similar al que se ha venido desarrollando en otros países europeos” –comentaba Delgado- “Aunque, detrás de Grecia (con la iglesia ortodoxa a la cabeza) nuestro país es una de las naciones de Europa en las que la iglesia (católica) cuenta con mayores privilegios. Aunque se han dado algunos pasos importantes en la defensa de derechos, como es el caso de los homosexuales o la primera ley de interrupción del embarazo, queda mucho camino por andar; puesto que persisten elementos fundamentales de la simbología religiosa y se sigue financiando a los colegios católicos. Es el resultado de siglos en los que en España se era católico por obligación y se prohibían otras confesiones. Pero la tendencia es hacia la secularización”.











































































