


En el espacio abierto ante el monolito que recuerda en la calle Emilio Castelar a todas las mujeres que sufren malos tratos se desarrolló el acto presentado por la concejal de Igualdad y Servicios Sociales, María José Fernández Salido, quien subrayó la especial trascendencia de este tipo de violencia al señalar que desde el año 2000, en que se instaló el monumento, han sido ya 752 las mujeres asesinadas sólo en nuestro país. Asimismo, la edil responsable del área hizo hincapié en la necesidad de educar a los niños en la igualdad como una medida indispensable para poner fin a esta lacra.
La encargada de leer el manifiesto de repulsa por la violencia de género fue Lydia, “una superviviente y luchadora”, tal y como la presentó la concejal. Durante su discurso, Lydia apostó por una lucha global de todos los ciudadanos frente a los malos tratos, ya que éstos suponen “un atentado contra la sociedad”, además de contra la vida y la dignidad de la mujer. “Detrás de cada caso de violencia hay una historia de fracaso de la sociedad”, señaló. En este sentido, reclamó que ante este tipo de hechos nadie permanezca de brazos cruzados porque “quien lo haga tiene el corazón de piedra y es un cobarde porque mira para otro lado cuando sufre una mujer por el hecho de ser mujer”.
Lydia también señaló a los responsables políticos, de los que dijo que “han hecho cosas, pero no estamos satisfechos”; y es que, según explicó, la Ley contra la Violencia de Género “es insuficiente”. “Hacen falta más medios, más recursos, más juzgados específicos, más efectivos policiales y más coordinación con las Comunidades Autónomas para que la ley sea eficaz y no se quede en papel mojado”. En cualquier caso, volvió a insistir en que la responsabilidad de acabar con los malos tratos no le corresponde solamente a las leyes y a los políticos, sino que “hay que acabar con la violencia en nuestras casas”, con el objetivo de conseguir una “tolerancia cero” a unos actos “de cobardía e indignidad que merecen desprecio” y para los que “no hay justificación posible”. Finalmente, Lydia deseó que no haya “ningún niño más viendo a su madre humillada, ninguna mujer maltratada más y ninguna muerte más”.
A continuación, tomaron la palabra Víctor y Sonia, dos jóvenes del Espacio Saturno, cuyos usuarios se encargaron de elaborar una serie de faroles de color morado en recuerdo de todas las víctimas de la violencia de género. En dichos faroles, tal y como explicaron, introdujeron simbólicamente sus deseos de que hombres y mujeres puedan vivir la misma vida sin desigualdades.
Por parte del Centro Joven Covadonga, un grupo de chicas bailaron la Danza del Vientre, mientras que Paco Librado dio lectura al poema “Tras la ventana”. Por último, se colocó en el monolito un ramo compuesto por 55 flores, una por cada mujer asesinada este año.










































































