Vivo rodeada de gente que dice respetarme intelectualmente, pero que sin embargo se ve en la obligación de opinar sobre mi físico.
Este podría ser uno de los lemas de mi vida, porque ha pasado desde que empecé a usar sujetador. Y es que si una es de pecho generoso, la humanidad entiende que eso que te ha tocado en gracia le da derecho a un montón de cosas que, de no serlo, ni se le ocurriría.
Por ejemplo, yo, que soy escritora, he tenido que aguantar que me pregunten en una entrevista sobre mi libro qué talla tengo. He perdido la cuenta de las veces que alguien ha pedido tocarlas —creo que doy demasiado miedo como para hacerlo directamente sin preguntar, pero amigas de problema parecido no han tenido tanta suerte—, que han opinado sobre qué debo ponerme y qué no, que me han dado consejos supuestamente bienintencionados al respecto o que, directamente, me han llamado gorda de forma más o menos delicada. Estas cosas me suelen impactar, pero como nunca he puesto toda mi autoestima en el físico, no me han traumatizado. Sólo cabreado un poco. Eso sí, me preocupa que lo hagan con gente más vulnerable, y no dudo de que lo hacen.
Sin embargo, lo que me resulta más curioso de todo, y a lo mejor me hubiera hecho rica si hubiera pedido una moneda por cada vez que he recibido la sugerencia, es el que debería operarme para quitármelo. Con qué alegría se sugiere que alguien debería pasar por quirófano para algo que no necesita es un tema aparte. ¿Y cuál es la razón de semejante disparate en mi caso? Que si tengo tetas, nunca me van a tomar en serio.
Se cree que las mujeres con pecho somos más tontas y estamos más sexualizadas. ¿Y cómo vamos a tomar otro rumbo si en la ficción suele ser así? Es un tópico, como poner a quien no corresponde con el peso estándar burgués atiborrándose de comida, o hacer que la chica se vuelva atractiva al quitarse las gafas. Si el personaje tiene pecho, está ahí para el gozo de los personajes masculinos y, a menudo, no es muy lista.
En ese sentido, me parece paradigmático el caso de Lola Bunny. Ante las quejas de que era un personaje sexualizado, fue muy aplaudido que le quitasen el pecho. Por supuesto, el problema no era que Lola Bunny fuera pechugona, sino que iba siempre con ropa diminuta, contoneándose y que estaba allí para lucirse delante de los otros dibus. Eso también lo arreglaron, ¿pero qué necesidad había de quitarle el pecho? ¿Qué mensaje le estás mandando a esas niñas recién desarrolladas que no saben qué hacer con eso que les ha salido? Que su pecho no es válido, y que si quieren no ser sexualizadas, deben ocultarlo o eliminarlo.
Si quieres que te tomen en serio, María, opérate, es lo mejor. Qué integradito lo tenemos en el cerebro, y aplaudido por sectores que yo esperaría más feministas.







































































