Era en la primera de las novenas en honor de nuestra Patrona, la Inmaculada Concepción, cuando nuestro obispo don Antonio Algora presidía un acontecimiento histórico para la localidad: el órgano barroco, que tras años de restauración volvía a sonar, era presentado de nuevo a su pueblo a través de la bendición eclesial.
Ello, en el marco incomparable de la primera de las novenas a nuestra Madre Inmaculada con el fervor popular que supone, creó un ambiente de excepción que será recordado durante décadas. Aquel grabado en las retinas de los fieles que abarrotaban el Templo era un auténtico gozo musical y espiritual. Lo eran también las manos, el corazón y la voz de Roberto Fresco, que dejó unos minutos de esta histórica jornada para atender a “Parroquia en Marcha” y narrar las sensaciones previas y posteriores de esta jubilosa celebración.
Al interpelarle sobre su opinión acerca del gran tesoro que se acaba de restaurar, declaró que “el trabajo de restauración ha sido perfecto. Puede decirse que tenéis un espectacular órgano espectacular producto de una espectacular restauración. Me gusta mucho la fónica del órgano, así como su sonido. Suena genial en el Templo parroquial, y ese es un punto clave para escuchar buena música ya que la Iglesia tiene una difícilmente mejorable acústica”.
También le interrogamos sobre si aconsejaba poner cámaras que los conciertos pudieran visualizarse por todos los fieles en el Templo, a lo que comentó que “estoy totalmente en contra porque la música se oye y nunca se ve. Por eso la música del órgano es para escucharla, para gozar con ella, para ensoñarse en un rato de sentimientos contenidos y, sobre todo, para volar en el Templo, nunca para verla. El órgano se hizo para lo que se ha restaurado: para llenar los oídos de los fieles en cada celebración”.
Fresco es reconocido organista titular de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid y profesor de órgano del Centro Superior de Enseñanza Musical Katarina Gurska, también de Madrid. También quedó admirado de la forma en cómo se había llevado a cabo el proceso de restauración del instrumento, con la participación de todo el pueblo, que ha aportado su granito de arena para que el “gigante dormido” durante décadas volviera a sonar. “Sólo conozco otro caso similar, el de una localidad al norte de Madrid que costeó totalmente la restauración del órgano de la Parroquia de su pueblo”, señaló.
Del mismo modo tuvo palabras de agradecimiento a los sacerdotes no sólo presentes, sino pasados que han llevado a cabo el proceso económico y moralizador en cuanto al convencimiento popular se refiere para que el proyecto saliera adelante. “Conozco muchísimos pueblos en los que hay órganos abandonados y es una auténtica lástima. Un patrimonio que es de todos, como el caso del órgano, no se puede abandonar nunca. Agradezco a los sacerdotes el esfuerzo que han realizado por recuperar no solamente un patrimonio eclesial, sino un patrimonio histórico del pueblo de Herencia”. Sobre las sensaciones finales tras el concierto y la bendición del “gigante dormido” parroquial, señaló que “me voy encantado y me he encontrado muy a gusto. Ojalá y sean muchas las veces en las que coincidamos en esta Parroquia con el órgano como protagonista”.
Cabe destacar la decoración de los medallones superiores del mueble del órgano. En ellos se encuentra la cruz de la orden de san Juan de Malta, pero mientras lo normal es que se encuentre bajo un fondo rojo, en el órgano, como en otros elementos de la parroquia, se encuentra sobre un fondo azul celeste, en clara alusión a la Inmaculada Concepción. Lo que el paso del tiempo ocultó a nuestros ojos, la restauración del instrumento nos lo ha devuelto para que hagamos memoria de una historia viva.
La vida del “gigante dormido”, paso a paso
En 1899, el órgano se traslada al altar mayor, trasladándose después al coro del templo que se construye para acogerlo. El encargado fue el organero Enrique Torres Pinzor, que compone el órgano haciendo fuelles nuevos de dos fuelles grandes, reconstruyendo el teclado y aumentándole “la octava terno en la mano izquierda”, según cita un documento encontrado en el mismo órgano.
Tras muchos años, el órgano se encontraba en muy malas condiciones. Por esta razón, los sacerdotes de la Parroquia, después de haber consultado al Obispado de Ciudad Real y a la delegación de Cultura y Patrimonio, comienza en el 2011 con una campaña para la rehabilitación del instrumento, aprovechando la cercanía del maestro organero Eduardo Bribiesca Fernández, que tiene su taller en Almagro.
El trabajo ha consistido en una reconstrucción fónica y técnica, rehabilitación de la mecánica estructural y restauración y recuperación de artística de su mueble. Dos terceras partes del órgano original se ha podido recuperar y reutilizar, lo que ha posibilitado que el Órgano Parroquial de Herencia tenga el sonido característico del órgano ibérico de los siglos XVII y XVIII. Cuatro años después, y gracias, exclusivamente, a la generosidad de los vecinos de Herencia, el órgano vuelve a llenar con su sonido característico el templo parroquial de Herencia.