Se suele dar por hecho que los mayores son frágiles o dependientes, y es un prejuicio: hay octogenarios con capacidades parecidas a las de personas mucho más jóvenes. La fragilidad es un estado intermedio entre la robustez y la discapacidad, en el que el organismo ha perdido reservas y le cuesta más afrontar una infección, una caída o un cambio de medicación. En España afecta a en torno al 18 % de los mayores de 65 años: un 12 % de los que viven en casa y un 45 % de los que están en residencias.
Se reconoce por cinco señales: pérdida de peso sin proponérselo, cansancio, debilidad, lentitud al caminar y poca actividad física. La buena noticia es que se puede detectar pronto, prevenir y, en muchos casos, revertir.
Detección y papel de la farmacia
La detección se hace sobre todo en atención primaria, de forma oportunista a partir de los 70 años, con pruebas sencillas, como medir cuánto tarda la persona en caminar unos metros o en levantarse de una silla. Es un trabajo de equipo en el que la farmacia comunitaria tiene un papel importante: vemos a estas personas con frecuencia, podemos notar que «algo ha cambiado» y, si hace falta, derivar al médico.
Los medicamentos, un punto clave
Hablamos de polimedicación cuando se toman cinco o más medicamentos de forma habitual. No siempre es un problema, pero a más fármacos, más riesgo de interacciones y efectos adversos. Además, el riñón filtra más despacio y el cerebro es más sensible, así que una dosis adecuada hace diez años puede resultar excesiva hoy.
Mareos, somnolencia, confusión o caídas pueden deberse a un medicamento, no solo a «la edad». Merecen vigilancia especial:
- Tranquilizantes y somníferos: somnolencia, confusión, caídas y fracturas.
- Antihistamínicos sin receta «para dormir» o para la alergia: sequedad de boca, estreñimiento y confusión.
- Antiinflamatorios (ibuprofeno, diclofenaco): pueden dañar riñón y estómago.
- Diuréticos y antihipertensivos: mareos al levantarse y caídas.
- Antidiabéticos e insulina: riesgo de hipoglucemia.
- Anticoagulantes: exigen cuidado con las interacciones.
Nunca hay que suspender ni cambiar un tratamiento por cuenta propia. Lo recomendable es pedir una revisión periódica de toda la medicación con el médico o el farmacéutico, que puede llevar a la deprescripción: retirar de forma segura lo que ya no es necesario o hace más daño que bien.
Consejos para familias y cuidadores
- Ejercicio adaptado: es la intervención con más impacto. Combinar fuerza, equilibrio y resistencia, de 2 a 4 sesiones semanales, mejora la marcha y la autonomía.
- Alimentación: patrón mediterráneo, con suficientes calorías y proteínas.
- Compañía: el aislamiento y la soledad no deseada favorecen la fragilidad.
- Medicación en casa: una lista actualizada de todo lo que se toma, incluidos los productos sin receta. No triturar ni partir comprimidos sin preguntar.
- Casa segura: buena iluminación, sin alfombras sueltas, con barras de apoyo y calzado adecuado.
Es imprescindible consultar ante pérdida de peso o de apetito sin motivo, más cansancio, caídas o miedo a caerse, confusión, y cualquier síntoma nuevo tras cambiar un medicamento. En los mayores, una infección o una reacción a un fármaco a veces se manifiesta simplemente como «no está como siempre».
Actuar a tiempo es la mejor forma de cuidar a nuestros mayores. Movimiento, alimentación equilibrada, compañía y una medicación bien revisada les ayudan a conservar su autonomía, y en ese camino la farmacia comunitaria, como centro sanitario de proximidad, es un apoyo fundamental.





































































