Desde Alcázar de San Juan y con los pies bien asentados en la ingeniería, la energía y la innovación, Javier Ruiz ha construido un grupo empresarial, Supervisión y Control – RGS2 – Novagas Criogenia, que hoy trabaja en proyectos industriales dentro y fuera de España. En esta entrevista repasa sus inicios, los retos de emprender en un sector tan exigente y la evolución de una compañía que apuesta por la tecnología propia y la economía circular sin perder su origen local.
P.- Antes de hablar del grupo empresarial que lidera, ¿quién es Javier Ruiz Herrera y cómo llegó al mundo de la energía, la ingeniería y la tecnología?
R.- Soy alcazareño de nacimiento, de Alcázar de San Juan, y aquí sigo teniendo mi base y mi corazón. Soy ingeniero industrial por vocación y por formación. Mis comienzos profesionales estuvieron ligados a la docencia como profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. De forma paralela, trabajé en proyectos tan singulares como las estructuras de la Exposición Universal de Sevilla de 1992 y de los Juegos Olímpicos de Barcelona. De ahí fui especializándome en el sector energético y en los combustibles fósiles, gas y petróleo, que han sido el eje sobre el que ha girado buena parte de mi carrera.

Javier Ruiz, del aula a liderar uno de los mayores grupos tecnológicos
P.- Hoy lidera un grupo industrial y tecnológico formado por varias empresas. ¿Cómo nació este proyecto y cómo se ha ido construyendo desde Alcázar de San Juan?
R.- El origen de todo está en mi actividad como ingeniero independiente, que ejerzo desde que terminé la Ingeniería. La primera empresa que fundé fue Ingeniería de Supervisión y Control, ya en la década de los noventa, y con ella desarrollamos grandes proyectos aquí, en Alcázar de San Juan, para empresas de primer nivel. Fueron nuestras, por ejemplo, algunas de las primeras urbanizaciones de la localidad con todos los suministros enterrados o la gasificación del barrio de La Pradera. Más adelante fundé Novagas Criogenia, con la que damos servicio a grandes y medianas empresas, y después llegaría RGS2. Así, alrededor de aquel núcleo inicial de ingeniería, fue tomando forma lo que hoy es el Grupo Novavalor System, siempre desde Alcázar de San Juan.
P.- Levantar no una, sino varias empresas industriales y tecnológicas nunca es fácil. ¿Cuál ha sido el mayor desafío al que se ha enfrentado?
R.- El mayor desafío ha sido emprender en la industria pesada e innovar desde un entorno rural, lejos de los grandes centros de decisión. Montar plantas, desarrollar tecnología propia y certificarla exige mucho capital, mucha paciencia y un equipo técnico que no siempre es fácil de encontrar ni de retener fuera de las grandes ciudades. A eso se suma el reto de ser pioneros: cuando haces algo que nadie ha hecho antes, no tienes un manual al que recurrir y cada problema lo resuelves tú. Pero precisamente ahí está también la mayor satisfacción, porque lo que hemos construido es difícilmente replicable.

Una apuesta por la economía circular
P.- Uno de los grandes hitos del grupo es RGS2, planta pionera en el reciclaje de neumáticos fuera de uso mediante pirólisis, con tecnología propia. ¿Cómo se dio ese salto desde la ingeniería y la energía hasta convertirse en referente de la economía circular?
R.- Ese salto es, para mí, el proyecto del que me siento más orgulloso. La ingeniería de procesos y el control de instalaciones complejas que veníamos dominando nos dieron la base para abordar un reto mayor: convertir un residuo tan problemático como el neumático fuera de uso en materias primas de valor. RGS2 es una planta de I+D+i con una tecnología única a nivel mundial, desarrollada y validada íntegramente por nosotros, y una de las pocas que funcionan continuamente a nivel internacional. Mediante pirólisis transformamos el neumático en aceite, negro de carbono recuperado de alta calidad y gas. Además, desde nuestro centro de la Avenida de Alemania estamos desarrollando estudios y ensayos para aplicar esta tecnología a otros residuos no peligrosos, ampliando así nuestro campo de actuación.
P.- Para quien no conoce el sector, ¿cómo explicaría qué hace cada una de las empresas y qué las diferencia de otras compañías similares?
R.- Lo explico de forma sencilla. Ingeniería de Supervisión y Control es el corazón técnico: la ingeniería que diseña, supervisa y controla los proyectos. RGS2 es nuestra apuesta por la economía circular: la planta que recicla neumáticos fuera de uso mediante el proceso de pirólisis y los convierte en recursos. Y Novagas Criogenia es la empresa de ingeniería energética y criogénica, especializada en plantas satélite de GNL, cogeneración, equipos a presión y estaciones de gas natural vehicular; es también quien ejecuta las instalaciones de pirólisis del grupo. Lo que de verdad nos diferencia es que ofrecemos el ciclo completo: somos ingeniería, somos instaladores y entregamos plantas llave en mano, con tecnología propia y sin depender de nadie. Desde el primer cálculo hasta la puesta en marcha y la operación, todo se hace en casa.
P.- Ingeniería de Supervisión y Control es, en buena medida, el núcleo técnico que sostiene al resto del grupo. ¿Qué papel juega INGESUP y por qué es tan determinante?
R.- INGESUP es la columna vertebral de todo. Es donde reside el conocimiento de ingeniería que hace posible el resto: el cálculo, el diseño, la supervisión de obra, el control de los procesos y la garantía de que cada instalación se ejecuta con seguridad y conforme a la normativa. A lo largo de mi trayectoria he realizado centenares de proyectos, y toda esa experiencia es la que está codificada en INGESUP. Sin esa base de ingeniería rigurosa, ni Novagas podría diseñar sus plantas de gas ni RGS2 habría podido desarrollar su tecnología de pirólisis. Por eso digo que INGESUP no es una empresa más del grupo: es el saber hacer sobre el que se construye todo lo demás.
P.- El grupo cuenta con tecnología 100% propia, un proyecto de I+D+i certificado y un centro tecnológico propio. ¿Qué importancia tienen la innovación y la tecnología propia en un sector tan exigente?
R.- Para nosotros no es un añadido: es la razón de ser. En un sector que cambia tan rápido y que está tan condicionado por la regulación y la sostenibilidad, quien no innova de forma continua se queda fuera. Por eso contamos con proyectos de I+D+i certificados por el Ministerio y con nuestro propio centro tecnológico, donde seguimos desarrollando y mejorando nuestros procesos. Tener tecnología propia y no licenciada nos da una libertad enorme: podemos adaptarla, escalarla y transferirla a otras plantas sin depender de terceros. Esa independencia tecnológica es, hoy, uno de nuestros principales activos.

P.- El grupo ha desarrollado proyectos dentro y fuera de España. ¿Qué supone para una compañía nacida en Alcázar de San Juan competir y ser reconocida en mercados internacionales?
R.- Es motivo de orgullo, no lo voy a negar. A lo largo de los años hemos llevado nuestra ingeniería a países muy diversos: Chile, Perú, República Dominicana, Italia, Alemania y Bélgica, entre otros, además de todo el territorio español. Que un grupo nacido en Alcázar de San Juan diseñe y ponga en marcha proyectos a miles de kilómetros, y que sea reconocido por grandes operadores internacionales, demuestra que el talento y la excelencia técnica no entienden de tamaño de ciudad. Competir fuera nos obliga, además, a estar siempre al máximo nivel, y eso revierte en todo lo que hacemos también aquí, en casa.
El equipo humano, el alma del Grupo
P.- Ninguna empresa crece sola. ¿Qué importancia tienen el equipo humano
R.- El equipo lo es todo; sin él, nada de esto existiría. El grupo se sostiene sobre una dirección compartida, en la que la gestión financiera, jurídica, de personas y de certificaciones tiene tanto peso como la parte técnica e industrial. Y si en algo me considero verdaderamente afortunado es en el relevo generacional: mi hijo, Javier, apasionado de la química ambiental, representa, a priori, la continuidad de este proyecto. A ellos se suman nuestros técnicos cualificados y los operarios de planta, que son quienes hacen que la tecnología funcione cada día.
Y cuando hablo de equipo no me refiero solo a quienes están dentro de nuestras empresas. El tejido empresarial de Alcázar de San Juan, y también el de toda la comarca, lleva cuarenta años a nuestro lado: son siempre los primeros en arrimar el hombro y en colaborar cuando hace falta. Para mí no son proveedores; son amigos. Esa amistad y esa lealtad, sostenidas durante cuatro décadas, forman parte esencial de lo que somos y de nuestro éxito. Yo siempre digo que mi mayor logro no es ninguna planta concreta, sino el equipo capaz de construirlas y mantenerlas.
P.- ¿Cuáles son los principales proyectos y objetivos que se ha marcado el grupo para los próximos años?
R.- Nuestro horizonte tiene varios ejes. El primero es nuestra expansión en Castilla-La Mancha, consolidando y llevando a una mayor escala nuestra actividad en economía circular. El segundo es la transferencia de tecnología: queremos que el conocimiento desarrollado durante años pueda implantarse en nuevas plantas, dentro y fuera de España, bajo nuestro modelo y con nuestra ingeniería detrás. Y, en paralelo, seguimos reforzando nuestra actividad energética con Novagas y apostando por la innovación desde nuestro centro tecnológico. En definitiva, crecer sin renunciar a lo que nos define: hacer las cosas bien y con tecnología propia.
P.- Si tuviera que definir su proyecto empresarial en una sola frase, para alguien que nunca ha oído hablar de él, ¿qué le diría?
R.- Le diría que somos un grupo de ingeniería y tecnología que convierte el conocimiento en soluciones reales para la energía y la economía circular, y que lo hace con tecnología 100% propia desde Alcázar de San Juan para el mundo.











































































