Está feo decirlo, pero el odio a las mujeres está tan interiorizado en general, que espera cualquier pequeña oportunidad para salir, incluso en contra de la voluntad del que lo ha sacado. No es una acusación, simplemente es una realidad.
Recuerdo que una amiga me dijo una vez: «no conoces de verdad a un hombre hasta el día en que lo dejas». Hay por ahí miles de mujeres con hombres amables y encantadores a los que no quieren, y a los que no abandonan por dos razones principales, y una de ellas es el miedo a ver cómo se transforma ese tipo tan majo en un monstruo. Porque sí, amiguitos, la misoginia sale en esos momentos de frustración mucho más deprisa y de manera más irracional de lo que una pudiera intuir cuando se aguanta las ganas de salir volando. No digo que en todos los casos, claro, pero en muchísimos sí. Y ellas, sus mujeres, saben en qué casos sí por pura intuición, así que aguantan por eso y por culpa.
He visto a hombres heterosexuales, a los que quería y admiraba, caer en una espiral de odio y misoginia sin fondo al primer síntoma de frustración masculina insatisfecha. De verdad, he visto cosas que no creeríais: desde acoso hasta autodestrucción; como niños a los que les han quitado un juguete y tienen una pataleta, pero a lo bestia. Eso a nosotras no nos deja en muy buen lugar, claro: somos el objeto perdido o robado. Somos el OBJETO.
El primer síntoma de misoginia generalizada socialmente es que se considera a las mujeres como objetos y como tal se las trata. La admiración, el intercambio, el reconocimiento… todo eso que se hace con otros seres humanos, en muchísimos casos se reserva a los hombres, y en la mejor de las situaciones, a mujeres que ya no están en edad fértil, que es cuando son objetos a la altura de un coche o una casa. Si no me creéis, escuchad a muchos streamers o muchas letras de canciones de éxito.
La obligación de un objeto es pertenecer. Por eso, y porque se nos cría en la culpa, muchas se quedan atrapadas en parejas infelices. Cómo dejar a un buen hombre que me quiere, y que podría convertirse en un monstruo porque yo no lo quiero a él.
Me gustaría decirles que, si se convierten en un monstruo, no es culpa de ellas. Esos hombres las quieren como a una posesión y no como a una compañera. Reservan sus demostraciones más relevantes para otros hombres, que son a los que consideran seres humanos y no cosas.
El feminismo es necesario porque es la idea de que las mujeres somos seres humanos, con todo lo que implica. No hay nada de malo en admitir la misoginia, en serio. No es individual, es sistémica. Si uno busca y encuentra eso en su interior, es muchísimo más sencillo luchar contra ello y destruirlo. Ponerse a la defensiva sirve de bien poco. No es constructivo.







































































