A sus 98 años, Don Vicente Manzaneque repasa una vida intensa y marcada por el compromiso social, la labor pastoral y su vínculo con el mundo obrero. El capellán de la Residencia de Mayores Sagrado Corazón de Campo de Criptana publica ahora sus memorias en Navegar a contra corriente, un libro que se presentará el próximo 19 de junio en el Museo Municipal El Pósito y en el que recoge experiencias vividas en España y en el extranjero.
P.- Para quienes no le conocen, ¿quién es Don Vicente Manzaneque?
R.- Nací en Campo de Criptana hace 98 años. Mi libro es un resumen de esos 98 años de vida… incluso me atrevo a imaginar lo que pudo ocurrir antes de nacer, en mi propia historia familiar. He recorrido buena parte del mundo y, al final, he regresado a mi pueblo, donde ejerzo como capellán de la Residencia de Ancianos desde que tenía 83 años. Ese soy yo.

P.- ¿Dónde ha desarrollado su labor como sacerdote?
R.- He sido sacerdote secular. Estuve en Valdepeñas y después en Ciudad Real, muy vinculado al apostolado obrero. También trabajé en Alemania, en Núremberg, recorriendo el norte de Baviera atendiendo a migrantes con el coche, de un lado a otro.
Más tarde estuve en Cuba y, al volver a España, fui capellán del hospital de la Seguridad Social en Ciudad Real durante unos diez años. Después me destinaron a Alcázar de San Juan, donde permanecí alrededor de 30 años y, finalmente, en mi pueblo, en Campo de Criptana.
P.- Publica su libro, sus memorias, como dice. ¿Por qué el título Navegar contra corriente?
R.- Porque he intentado hacer lo que normalmente no se hace. Muchos sacerdotes no se han dedicado directamente al mundo obrero, y yo sí. Siempre he querido poner mi vida al servicio de los trabajadores, a través del apostolado obrero y eso, en mis tiempos, era ir a contracorriente.
P.- ¿Qué recuerdos de estos 98 años de vida le han marcado más?
R.- Sin duda, los años de la guerra y la posguerra. El hambre y la guerra fueron mis grandes enemigos. Además, mi padre fue encarcelado, y eso marcó mucho mi infancia.
Recuerdo un momento en la cárcel en el que un preso me dijo que tenía que estudiar para ayudar a los obreros, que necesitaban gente que los defendiera. Aquello me marcó para siempre y es lo que he venido haciendo toda mi vida.

P.- ¿Se considera un sacerdote diferente?
R.- En cierto modo sí. Nunca he querido encasillarme. Soy sacerdote secular y del montón, como me gusta decir. He intentado estar donde más se necesitaba ayuda, sin buscar etiquetas.
Ha trabajado en distintos países, ¿qué experiencias destaca?
R.- Alemania fue una etapa intensa, trabajando con emigrantes y moviéndome continuamente por el norte del país. En Cuba también viví una experiencia muy humana y cercana.
En todos los sitios he intentado hacer lo mismo: estar al lado de la gente que más lo necesita y ser útil para los demás.
P.- Recientemente nos visitaba el Santo Padre ¿Qué opina de esta visita y de su labor?
La veo muy bien, una bendición de Dios. El Papa está muy preocupado por la gente pobre y por los más necesitados, y eso me parece muy importante. Además, en el libro cito a su antecesor, el papa León XIII, una persona muy comprometida con el movimiento obrero.
P.- ¿Y cómo ve la Iglesia en general y en Campo de Criptana en particular?
La veo todavía demasiado conservadora en lo religioso. Ha avanzado, sí, pero creo que no se ha abierto del todo. A mí me gustaría que se abriera más.
P.- ¿Con qué se queda de toda su vida?
R.- Con el cariño de la gente. Eso es lo que más valoro. Me he sentido querido en todos los lugares donde he estado. Y, sobre todo, con la satisfacción de haber intentado ser útil. Cuando alguien te dice que le has ayudado, eso es lo que realmente importa.
P.- ¿Cómo afronta esta etapa final de su vida?
R.- Con tranquilidad. No tengo prisa. Cuando Dios quiera, será el momento. Yo ya tengo preparada incluso la ropa con la que quiero ser enterrado, la misma de mi primera misa.
P.- ¿Qué espera del libro?
R.- Simplemente compartir mi vida. No me pregunto si interesa o no; me lo han pedido muchas veces y al final me he decidido. Es una forma de dejar constancia de todo lo vivido.
P.- ¿Cómo le gustaría ser recordado?
R.- Como alguien que ha intentado ser útil a los demás y que ha vivido con cercanía a la gente. Eso es suficiente para mí









































































