Me pregunto si la velocidad de nuestro primer mundo no nos impedirá detenernos a disfrutar de las pequeñas cosas, y si esas pequeñas cosas no serán precisamente las que hacen la vida bella.
La búsqueda de la belleza ha quedado a menudo denostada como algo frívolo. Me da pena no acordarme de quién dijo que para ser frívolo hay que ser muy profundo. Sí recuerdo quién añadió que, si no, no se es frívolo, se es gilipollas. Algo así asumo que debe suceder con la búsqueda de la belleza: que ha quedado pervertida por lo mercantil o lo moral o lo político, o por tantas otras cosas que ya no sabemos ni lo que es. ¿Cómo vamos a buscar la belleza en un mundo estresante, capitalizado, cruel, en un mundo donde hay guerras, donde se pasa hambre, donde todo es un desastre? ¿No es lo natural enfadarse y sufrir, y no buscar la belleza? ¿Para qué buscar la belleza?
Creo que es ahí donde nos equivocamos, no es «para qué», sino, ¿por qué buscarla?
Porque es buena para el espíritu, porque es un consuelo, porque aclara la mente y nos ayuda a detenernos y reflexionar. No la belleza en sí, sino su búsqueda, es algo unido al espíritu del ser humano de manera tan indivisible, que no podemos dejar que nos lo quiten. Y sí, nos lo están quitando, a veces de forma evidente.
Nos lo quitan cuando nos convencen de que la búsqueda de la belleza es superficial, cuando es filosófica. Sé que es difícil pensar que en el mundo de los filtros, las fundas dentales y la cirugía estética, donde ser guapo es algo que se paga o se disfraza y no se puede tener de manera natural, decir que buscar la belleza en unos dientes torcidos o en unas entradas incipientes es una postura filosófica suena a cachondeo, pero no sólo es una postura filosófica, sino un modo de vida y una resistencia.
También buscar la belleza significa disfrutar de leer un libro sin mirar el móvil, escuchar un disco sin hacer simultáneamente otras cosas, meterse en un cine sólo a mirar una película. Buscar la belleza es tener una conversación de varias horas, pasear sin rumbo, ir a un museo, adoptar un animal, plantar una semilla a ver qué sale. Buscar la belleza es encontrar el disfrute en las cosas cotidianas, o hacer cosas que parece que no sirven para nada, pero generan euforia, alegría, ganas.
Buscar la belleza es socializar y tratar de comprender al otro, no necesariamente a aquel con el que se está de acuerdo, sino quizá precisamente a aquel con el que jamás vas a tener nada en común. Buscar la belleza es saber que cada persona es un mundo. O saber que la cultura es tan peligrosa porque es necesaria para sanar o para tener sentido crítico o para tener esperanza. Por eso, cuando se busca un pensamiento único o mantener a la gente enfadada, es lo primero que se castiga.




































































