En estos momentos de dolor, resulta difícil hablar del médico Ginés Alonso Vivancos. Y es difícil porque acabamos de perder a un gran amigo, a un gran compañero, a un gran profesional de la medicina.
Amigo de sus amigos, luchador infatigable y honesto. No hay sitio suficiente en este recuerdo para señalar todas las virtudes de esta gran persona.
Su pasión fueron sus pacientes, después como buen lector, sus libros, ese vivero intelectual que iluminó toda su vida.
Nos dejó el médico jubilado, don Ginés Alonso Vivancos, murciano de nacimiento y alcazareño por sus compromisos de trabajo. Era un joven-mayor de 80 años de edad. Pero ejerció con orgullo, satisfacción y buen hacer, la carrera de facultativo durante muchos años en Alcázar de San Juan.
Marañón, el gran don Gregorio Marañón, afirmaba que “la medicina es una ciencia humildísima, como arte excelso” y tú humildemente añadías “con entrega total” …¡Qué orgulloso estabas de ser médico!
Desarrolló su actividad en el Ambulatorio del Seguro Obligatorio de Enfermedad (ahora Centros de Salud del Sescam).
Serio, educado, recto, pero amable con tus pacientes, te permitía ser amigo de tus amigos. La primera de las tres Virtudes Teologales, la fe, la practicaban tus muchos pacientes con orgullo “teniendo fe en su médico”.
Tus diagnósticos certeros eran la esperanza de tus enfermos. Convertías tu consulta en solucionar la preocupación de tus pacientes en darles ánimo y consuelo. Estabas enamorado de tu profesión, pero ahora te necesitan en el cielo. Ahí quedan tus servicios prestados a Alcázar, a la sanidad, a la humanidad.
No podemos dejar de destacar tu lucha con ardor y ahínco, para defender a tus compañeros, de un sistema sanitario que no termina de funcionar.
Tu esposa Ana, tus tres hijos, tus familiares, tus compañeros y amigos sabemos de tu sentido del deber, de tu entrega, de tu sacrificio. Los que aquí quedamos pedimos y rezamos a Dios Todopoderoso para que se apiade de ti, te perdone, te de la paz y una vez liberado de las penas de la vida entres en el descanso eterno. Ha muerto para ser amado más.
Dios llama a los buenos demasiado pronto. La vida es corta, en cambio la muerte es eterna.
Fueron muchos los gestos de dolor, solidaridad, cariño y con lágrimas en los ojos, para despedir a un buen médico y mejor persona, a su amigo, a su compañero. Calladamente y mirando al cielo rezaban: Te has ido pero tu corazón estará siempre con nosotros.
Alguien dijo que somos polvo de estrellas, y por eso el humo del crematorio subía y subía, buscando en el cielo la estrella que te guíe hasta Dios.
Que orgulloso estoy de ser sanitario y saber que me has considerado tu amigo. Algo se muere en el alma cuando un amigo se va.
¡Que Dios te acoja en su Reino!









































































