Escrita para orquesta de viento y percusión (una versión reducida de la banda sinfónica), la obra tiene como trasfondo el Alzheimer, fenómeno en el que el compositor trató de sumergir a los espectadores por medio de un juego de luces y un recitado que acompañó a la música, incorporando a su vez efectos espaciales, ya que uno de los percusionistas se colocó en el patio de butacas.
La obra fue estrenada por la Sinfonietta del CSMA (Conservatorio Superior de Música de Aragón) bajo la dirección de Miquel Rodrigo, dentro de la Temporada de “Grandes Conciertos de Primavera” del Auditorio zaragozano, y ha supuesto un éxito de crítica, que la ha descrito como “un alarde de intensidad, sugerencias y buen gusto en la vanguardia”.









































































