Con motivo de unas jornadas culturales organizadas por la asociación de solidaridad con los imigrantes marroquíes de Alcázar de San Juan y comarca -ASIMAC- el cónsul general del reino de Marruecos, Tarek El Loujari, ha visitado la localidad en la mañana del sábado 4 de mayo.
Diego Ortega -alcalde alcazareño- acompañado por la Presidenta del Patronato de Cultura -Mª Jesús Pelayo- y miembros de la oposición; han recibido al cónsul en el Ayuntamiento.
El Loujari ha destacado que “organizar un día de convivencia para el acercamiento y conocimiento mutuo de nuestras culturas es muy importante. Desde el Ayuntamiento de Alcázar sabemos que se están haciendo esfuerzos para la integración de los inmigrantes marroquíes y, éstas jornadas culturales, contribuyen a conocernos mejor. Más aún, cuando hay ya muchos marroquíes que han nacido aquí, que son españoles”.
En este mismo sentido hablaba Mª Jesús Pelayo, destacando que la historia de España y Marruecos siempre han estado relacionadas y que Alcázar fue un núcleo de asentamiento importante para la cultura árabe. En relación a la comunidad marroquí de Alcázar de San Juan comentaba: “hay 50 familias que están completamente integradas, que tienen sus propios negocios: bazares, carnicerías o tiendas de alimentación”.
Por su parte, el alcalde, destacó que “no sólo es importante la interculturalidad y el respeto para abrirnos a la aldea global -desde las diferencias. También los intereses económico-empresariales compartidos. Hay muchas empresas españolas -también alcazareñas- que están invirtiendo en Marruecos”.
Tras la recepción oficial, las autoridades marroquíes y alcazareñas, junto al presidente de ASIMAC -Abdellah Houiyat- mantuvieron una amistosa charla y se trasladaron hasta el centro cívico -donde el cónsul tuvo unas palabras dirigidas la comunidad marroquí alcazareña.
Tanto en el centro cívico, como en la Plaza de España, se estuvieron desarrollando, a lo largo de la mañana del sábado, diferentes actividades: música, gastronomía y expresiones artísticas de la cultura marroquí. Los alcazareños pudieron compartir con sus vecinos dulces típicos y té moruno; bailar al son de los ritmos árabes y disfrutar tatuando sus manos con gena, en una jaima preparada para la ocasión.









































































