Comenzó haciendo una pequeña semblanza de sus inicios, dando siempre gracias a su madre, que se «empeñó» en llevarle al colegio, concretamente a Santa Clara. Curiosamente, su vida siempre ha estado unida a Santa Clara, pues no en vano, en la Escuela de Escritores Alonso Quijano fue primero alumno, y en la actualidad, colaborador. Llegó al «maravilloso» mundo de la poesía, de la mano de su enorme «vicio», (que nosotros denominaríamos virtud) por la lectura, considerándose autodidacta.
Nos deleitó con unos poemas de su, todavía, pequeña obra publicada, llenos de una sensibilidad que tan sólo puede salir del alma de un poeta.
Desde El Ateneo, felicitamos al Vaquero Pozo y le animamos a que siga su trabajo literario.










































































